Si un rey terrenal te escribiera una carta, ¿no la leerías con alegría? Ciertamente, con gran regocijo y cuidadosa atención. Pero, pregunta, ¿cuál es nuestra actitud hacia la carta que nos ha sido dirigida por nadie menos que Dios mismo?
¿Qué es la Biblia?
Por ser divinamente inspirada, la Biblia posee una unidad fundamental, una coherencia total, porque el mismo Espíritu habla en cada página. No nos referimos a él como “los libros” en plural, si no nos referimos a ella como “la Biblia”, “el Libro”, en singular. Es un libro, una Sagrada Escritura, con el mismo mensaje a lo largo de un compuesto y, sin embargo, una sola historia desde Génesis hasta Apocalipsis.
Al mismo tiempo, sin embargo, la Biblia también se expresa humanamente. Es una biblioteca completa de escritos distintos, compuestos en diferentes momentos, por diferentes personas en situaciones muy diversas. Encontramos a Dios hablando aquí en varios tiempos y de varias maneras (Hebreos 1:1).
Cada libro de la Biblia refleja la perspectiva de la época en que fue escrita y el punto de vista particular del autor, pero siguen teniendo validez en nuestros y los tiempos por venir. El autor de cada libro no era solo un instrumento pasivo, una flauta tocada por el Espíritu, una máquina de dictado que grababa un mensaje. Cada escritor de la Escritura aporta sus dones humanos particulares. Junto al aspecto divino, también hay un elemento humano en las Escrituras, y debemos valorar ambos.
La Guianza del Espíritu Santo
Su dificultad es también la nuestra. Las palabras de la Escritura no siempre se explican por sí mismas. La Biblia tiene una sencillez subyacente maravillosa, pero cuando se estudia en detalle puede resultar un libro difícil. En efecto, Dios habla directamente al corazón de cada uno de nosotros durante nuestra lectura de las Escrituras.
Nuestra lectura es un diálogo personal entre cada uno y Cristo mismo— pero también necesitamos orientación. Y nuestra guía es la Iglesia. Hacemos pleno uso de nuestro entendimiento privado; iluminada por el Espíritu. Hacemos pleno uso de los comentarios bíblicos y de los hallazgos de la investigación moderna. Pero sometemos las opiniones individuales, sean las nuestras o las de los eruditos, al juicio de la Iglesia.
Hay que tener en mente que leemos la Biblia personalmente, pero no como individuos aislados. No decimos "yo" sino "nosotros". Leemos en comunión con todos los demás miembros del Cuerpo de Cristo en todas partes del mundo y en todas las generaciones del tiempo. La revelación no es ofrecida a una sola persona, si no a todos en conjunto, como Cuerpo de Cristo.

Tu Punto de Vista
Cada uno de los cuatro evangelistas, por ejemplo, tiene su propio punto de vista particula:
- Mateo es el más “eclesiástico” y el más judío de los cuatro, con su especial interés en la relación del evangelio con la Ley judía, y su comprensión del cristianismo como la “Nueva Ley”.
- Marcos escribe en un griego menos pulido, más cercano al lenguaje de la vida diaria, e incluye detalles narrativos vívidos que no se encuentran en los otros evangelios.
- Lucas enfatiza la universalidad del amor de Cristo y Su compasión que todo lo abarca y que se extiende por igual a judíos y gentiles.
- El Cuarto Evangelio expresa un enfoque más interno y místico; un Evangelio espiritual.
Exploremos y disfrutemos al máximo esta variedad vivificante dentro de la Biblia.
Debemos buscar a lo largo de las Escrituras una aplicación personal. Nuestra pregunta no es simplemente "¿Qué significa?" sino “¿Qué significa para mí?” Hay que leer la biblia como si Cristo mismo te está hablando. La Escritura es un diálogo directo e íntimo entre el Salvador y yo mismo: Cristo se dirige a mí y mi corazón responde Debemos de ver todas las narraciones en las Escrituras como parte de mi propia historia personal.
Al leer la Biblia no somos simplemente observadores imparciales y objetivos, absorbiendo información, tomando nota de los hechos. La Biblia no es simplemente una obra literaria o una colección de documentos históricos, aunque ciertamente puede ser descrita en ese nivel. Es, mucho más fundamentalmente un libro sagrado dirigido a los creyentes, para ser leído con fe y amor. No nos beneficiaremos plenamente de la lectura de los Evangelios a menos que estemos enamorados de Cristo.
Al leer las Escrituras de esta manera, en obediencia, como miembro de la Iglesia, encontrando a Cristo en todas partes y viendo todo como parte de mi propia historia personal, sentiremos algo del poder y la sanidad que se encuentran en la Biblia. Sin embargo, en nuestro viaje bíblico de exploración siempre estamos solo al principio. Somos como alguien que se lanza en un pequeño bote a través de un océano sin límites. Pero, por grande que sea el viaje, podemos emprenderlo hoy, en esta misma hora, en este mismo momento.
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