Como creyentes, nuestra fe en Cristo nos invita a vivir de una manera radicalmente diferente, arraigada en nuestra nueva identidad como hijos de Dios.
Un Llamado a Vivir como Cristo
En Colosenses 3:1-17, el apóstol Pablo nos exhorta a alinear nuestras vidas con los propósitos eternos de Dios, dejando atrás nuestra vieja naturaleza y abrazando la nueva vida que Cristo nos ofrece. Este pasaje nos desafía a fijar nuestra mirada en lo celestial, despojarnos del pecado, revestirnos de virtudes cristianas, vivir en amor y hacer todo en el nombre de Jesús.
1. Fijad la Mirada en lo de Arriba (Colosenses 3:1-2)
Pablo comienza diciendo: "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra."
Este versículo nos recuerda que nuestra resurrección con Cristo cambia nuestra perspectiva. Como creyentes, hemos sido levantados de la muerte espiritual a una nueva vida, y nuestro enfoque debe estar en las realidades celestiales, no en las distracciones terrenales.
Fijar la mirada en lo de arriba significa priorizar los valores del reino de Dios como el amor, justicia, y eternidad. Sobre las ambiciones mundanas como la riqueza o el reconocimiento.
En el contexto histórico, los colosenses enfrentaban influencias de filosofías paganas y prácticas religiosas que los alejaban de Cristo. Hoy, nosotros también enfrentamos distracciones como las redes sociales o la presión cultural de éxito material.
2. Desechad al Viejo Hombre (Colosenses 3:5-9)
Pablo continúa: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría... despojaos del viejo hombre con sus hechos."
El "viejo hombre" representa nuestra naturaleza pecaminosa, los hábitos y actitudes que nos atan al pecado antes de conocer a Cristo. Pablo enumera pecados específicos, como la inmoralidad sexual, la codicia y la mentira que debemos abandonar activamente.
Este acto de "hacer morir" no es pasivo; requiere esfuerzo intencional y dependencia del Espíritu Santo.
En el contexto de la iglesia primitiva, este llamado era radical, ya que los gentiles convertidos venían de culturas donde muchos de estos pecados eran aceptados. Hoy, enfrentamos tentaciones similares en una sociedad que a menudo normaliza el egoísmo o la lujuria, que en estos tiempos es mucho mas popular y accesible.
3. Vestíos del Nuevo Hombre (Colosenses 3:10-11)
Pablo escribe: "Y vestíos del nuevo hombre, que se va renovando hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen del que lo creó; donde no hay griego ni judío... sino que Cristo es el todo, y en todos."
El "nuevo hombre" es la nueva identidad que recibimos en Cristo, creada para reflejar la imagen de Dios. Este proceso de renovación es continuo, alimentado por el conocimiento de Dios y Su Palabra. Pablo enfatiza que en Cristo, las divisiones culturales, sociales o étnicas desaparecen, creando una comunidad unida donde Cristo es el centro.
En el siglo I, esta enseñanza desafiaba las barreras entre judíos y gentiles, esclavos y libres. Hoy, nos llama a superar prejuicios, estigmas sociales o económicos en la iglesia.
4. Soportándonos unos a los Otros (Colosenses 3:12-13)
Pablo exhorta: "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro."
Como escogidos de Dios, estamos llamados a reflejar Su carácter a través de virtudes como la compasión, la humildad y la paciencia. Soportarnos y perdonarnos mutuamente es fundamental para la vida en comunidad, especialmente cuando surgen conflictos. Este mandato refleja el perdón que hemos recibido de Cristo, quien nos perdonó incondicionalmente.
5. Vestíos de Amor (Colosenses 3:14)
Pablo añade: "Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto."
El amor es la virtud suprema que une todas las demás. Como el cinturón que sostiene una prenda, el amor aglutina nuestras acciones, dándoles propósito y autenticidad. Este amor no es sentimentalismo, sino un compromiso activo de buscar el bien de los demás, reflejando el amor sacrificial de Cristo.
En el contexto de Colosas, donde las falsas enseñanzas amenazaban la unidad, el amor era esencial para mantener a la iglesia unida. Hoy, el amor cristiano nos distingue en un mundo marcado por el egoísmo.
En Colosas, los creyentes enfrentaban enseñanzas heréticas que mezclaban el cristianismo con filosofías paganas y legalismo judío. Pablo escribió esta carta para reafirmar la supremacía de Cristo y guiar a los creyentes hacia una vida transformada.
Hoy, enfrentamos desafíos similares: ideologías seculares, consumismo y divisiones culturales que nos alejan de Cristo. Colosenses 3:1-17 nos recuerda que nuestra identidad en Cristo es la base para superar estas tentaciones y vivir con propósito eterno.
Al fijar nuestra mirada en lo de arriba, despojarnos del pecado, revestirnos de virtudes cristianas, soportarnos con amor y hacer todo en el nombre de Jesús, reflejamos la gloria de Dios en un mundo que necesita Su luz. Que este pasaje nos inspire a vivir con propósito, humildad y gratitud, transformando nuestras vidas y comunidades para la gloria de Cristo.
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