La Cruz y el Síndrome de Orar

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un corazón gigante sobre una manada de personas

La sociedad moderna destruye al pecador sin destruir el pecado. La iglesia moderna, en su afán de ser relevante, abraza al pecador pero se niega a confrontar el pecado. Es hora de redescubrir la radicalidad y la violencia espiritual de la cruz.

Nuestra sociedad actual está gobernada por lo que conocemos como la "cultura de la cancelación" (Cancel Culture). Es un sistema implacable, un tribunal público sin gracia, sin misericordia y sin posibilidad de redención. Si dices algo incorrecto, si cometes un error público o si tu pasado no se alinea con los estándares morales siempre cambiantes de hoy, eres desechado. La cultura te borra. Te destruye como persona, pero irónicamente, no ofrece ninguna solución real para el mal del corazón humano.

En un intento desesperado por no parecerse a esta cultura castigadora, gran parte de la iglesia contemporánea ha caído en el extremo opuesto y letal: hemos desarrollado una teología de la hiper-tolerancia. Hemos confundido el amor incondicional de Dios con la aceptación incondicional del pecado.

Al tratar de ser amables, nos hemos vuelto espiritualmente pasivos. Hemos olvidado que el Reino de los Cielos no es una democracia de buenas vibras, sino un reino que avanza en medio de una guerra brutal entre la luz y las tinieblas.

El síndrome de orar por Goliat

Hay una frase que describe perfectamente la crisis de identidad de la iglesia moderna: "Vivimos en un tiempo donde muchos preferirían hacer un círculo de oración alrededor de Goliat en lugar de cortarle la cabeza."

Lee 1 Samuel 17. Cuando el joven David llegó al campo de batalla, no encontró a un ejército israelita lleno de fe; encontró a un grupo de hombres paralizados por el miedo, tolerando a un gigante que insultaba el nombre del Dios viviente día tras día. Si David viviera en nuestra época y bajo nuestras doctrinas diluidas, probablemente alguien le habría dicho: "David, baja esa honda. No seas tan radical. Goliat es solo un producto de su entorno filisteo. Vamos a amarlo, a tener un diálogo interreligioso con él y a orar para que cambie su actitud".

Pero David entendía algo que hemos olvidado: no se negocia con las fortalezas demoníacas; se les decapita. Goliat no era un prójimo malentendido; representaba un sistema de maldad, una amenaza directa al propósito de Dios y a la supervivencia de Su pueblo. El amor a Dios y a Su santidad exigía la eliminación absoluta de esa amenaza.

Hoy en día, tenemos "Goliats" espirituales pavoneándose en nuestras familias, en nuestras mentes y en nuestras iglesias. Tenemos adicciones destructivas, ideologías que se levantan contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:4-5), avaricia, inmoralidad y orgullo. Y en lugar de tomar la espada del Espíritu para destruir estas obras de la carne, hacemos pactos de paz con ellas. Las toleramos. Les ponemos nombres clínicos o sociológicos para que suenen menos a pecado. Oramos "por" nuestros demonios en lugar de echarlos fuera, ignorando que a la serpiente no se le acaricia, se le aplasta la cabeza (Génesis 3:15).

La verdadera cancelación: Lo que pasó en la Cruz

La cultura de la cancelación te dice: "Tu pecado te define, por lo tanto, tú eres el problema y debes ser eliminado". La falsa gracia moderna te dice: "Tu pecado no importa, Dios te ama tal como eres, no cambies".

La Cruz de Cristo, sin embargo, nos muestra una realidad gloriosamente violenta y redentora al mismo tiempo. En la cruz vemos el amor más profundo por el pecador y el odio más absoluto hacia el pecado. Dios no canceló a la humanidad; de hecho, envió a Su único Hijo para salvarnos. Pero no nos equivoquemos: Dios sí canceló algo en la cruz.

"Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz." — Colosenses 2:14-15

La palabra "anulando" en el griego original (*exaleipho*) significa borrar, lavar por completo, cancelar. Dios canceló la deuda de nuestro pecado, pero para hacerlo, el pecado tuvo que ser juzgado con una violencia aterradora sobre el cuerpo de Jesús. La cruz nos enseña que el pecado es tan repulsivo, tan destructivo, que requería la muerte de Dios encarnado para ser erradicado. Si la cruz fue así de radical, ¿cómo nos atrevemos nosotros a tratar nuestro propio pecado como si fuera una mascota inofensiva?

Afilando la espada de nuevo

Necesitamos recuperar la militancia bíblica. El apóstol Pablo nos llama a "hacer morir" (mortificar, ejecutar) las obras de la carne (Colosenses 3:5). No nos llama a dialogar con ellas.

  • Ama al pecador, pero no bautices su pecado: Jesús fue el amigo de los pecadores, pero a la mujer sorprendida en adulterio, después de extenderle una gracia incomprensible y salvarla de ser apedreada (la cancelación cultural de la época), le dijo claramente: "Vete, y no peques más" (Juan 8:11). La gracia te encuentra donde estás, pero se niega a dejarte allí.

  • Identifica a tu Goliat: ¿Qué es eso en tu vida que está desafiando la autoridad de Cristo? ¿Es el consumo de pornografía? ¿Es un resentimiento que llevas guardado por años? ¿Es el chisme? Deja de justificarlo y de "orar sobre él" con palabras tibias. Arrepiéntete, toma la espada de la Palabra y córtale la cabeza.

La verdadera libertad no se encuentra en una cultura que condena sin piedad, ni en una religión diluida que perdona sin exigir transformación.

La verdadera libertad se encuentra a los pies de una cruz, donde se reflejó el amor y la justicia de Dios padre. En donde nuestra deuda fue cancelada y donde se nos dio el poder recibir Su Espíritu Santo.



imágen del pastor samuel

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Sobre el Autor
Pastor de jóvenes junto a su esposa. Amador de Dios y la palabra no adulterada. Es veterano del Army de los EU y es activamente un policia.

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