El Fin de la Era de la Prosperidad

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una planta con dinero impantada en ellas

Durante décadas, el evangelio de la prosperidad nos prometió riquezas materiales. Hoy, esa doctrina ha sido sustituida por una versión mucho más sutil y atractiva: el evangelio terapéutico, donde Dios ya no es un banquero cósmico, sino un terapeuta celestial cuyo único fin es nuestra validación emocional.

Si miras en el pasado, la iglesia de los años 80, 90 y principios de los 2000, un mensaje dominaba abrumadoramente el panorama evangélico: la teología de la prosperidad.

Se trataba de un evangelio transaccional que prometía salud inquebrantable, éxito financiero y cuentas bancarias rebosantes si tan solo "declarabas" la palabra y "sembrabas" la ofrenda correcta. Sin embargo, con el paso de las décadas, las crisis globales, las recesiones económicas y la simple realidad de que los cristianos también enferman y sufren, expusieron las profundas grietas de este falso evangelio.

La iglesia moderna, en gran medida, comenzó a rechazar la idea de que Dios fuera una especie de "cajero automático".

Podemos pensar que al rechazar esta herejía materialista hemos ganado la batalla. Pero el enemigo rara vez se retira. Simplemente cambia de estrategia. Cuando el ídolo de la billetera cayó, rápidamente instaló uno nuevo en el púlpito moderno, el ídolo de nuestras propias emociones.

Hemos entrado de lleno en la era del evangelio terapéutico (o lo que algunos teólogos llaman "deísmo terapéutico moralista"). Es una doctrina silenciosa y seductora que ha cambiado el enfoque de la predicación: de buscar la santidad para glorificar a Dios, hemos pasado a buscar la autorrealización para sentirnos bien con nosotros mismos.

Del Dios "cajero automático" al Dios "terapeuta"

El evangelio terapéutico es fascinante porque utiliza todo el vocabulario bíblico, pero le vacía todo su significado original. En este nuevo sistema de creencias, el problema principal de la humanidad ya no es el pecado que nos separa de un Dios Santo; el problema es la "falta de autoestima", el "trauma no resuelto" o las "personas tóxicas" que nos impiden alcanzar nuestro máximo cristiano.

Por ende, si redefinimos la enfermedad, inevitablemente cambiamos la medicina. Si mi mayor problema no es mi pecado, sino mi tristeza o mi falta de propósito, entonces no necesito un Salvador que sangró y muerió en una cruz para redimirme, solo necesito un "coach" de vida divino, un terapeuta que me anime, me valide y me diga que soy suficiente tal como soy.

Este mensaje se disfraza de gracia, pero en realidad es la máxima expresión del narcisismo espiritual.

Al apóstol Pablo se le fue revelado esta misma crisis cuando le escribió a su discípulo Timoteo en 2 Timoteo 4:3-4:

"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas."

El "comezón de oír" es el deseo profundo de escuchar únicamente cosas que validen nuestros sentimientos o problemas actuales. El evangelio terapéutico llena esa comezón a la perfección. Los sermones de hoy están repletos de frases motivacionales que suenan bien en Instagram, pero carecen del poder mortificador del Espíritu Santo.

Te dicen "eres un campeón", "Dios tiene tu mejor vida ahora", "no dejes que nadie apague tu luz". Pero rara vez escuchamos el eco de las palabras de Juan el Bautista: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3:30).

El problema fatal

El mayor peligro de este evangelio centrado en las emociones es que es extremadamente frágil. Si la promesa del mensaje moderno es que "Dios está aquí para sanar tus emociones y hacerte sentir completo", ¿qué sucede cuando la tragedia llama a tu puerta? ¿Qué ocurre cuando pierdes a un ser amado, cuando recibes un diagnóstico terminal o cuando la persecución se desata?

El evangelio terapéutico colapsa en la sala de emergencias de un hospital.

La Escritura nos muestra que Dios no está obsesionado con nuestra comodidad emocional. Él está apasionadamente comprometido con nuestra santidad. Jesús nunca nos invitó a un viaje de autodescubrimiento. Su llamado fue brutalmente claro y anti-terapéutico:

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará." (Mateo 16:24-25).

El verdadero Evangelio no viene a hacer que tu vieja naturaleza carnal se sienta cómoda y validada. El Evangelio viene a crucificar tu naturaleza carnal. (Gálatas 2:20)

La biblia nos enseña que la verdadera sanidad emocional no se encuentra mirando hacia adentro, explorando nuestras heridas y traumas, sino mirando hacia afuera, fijando nuestros ojos en Cristo y aprendiendo a amar sacrificialmente a los demás incluso cuando estamos rotos.

No me malinterpreten: Dios consuela, sana corazones quebrantados y se preocupa profundamente por nuestro bienestar emocional (Salmo 34:18). Pero ese consuelo es el producto de rendirnos a Su Señorío, a su majestad, a su autoridad por medio de la obediencia, y no el propósito final

Por esto es tan importante mirar como va nuestra vida espiritual y menos el como me siento hoy. ¿Confligen? Claro que si. Pero mientras le demos mas importancia a nuestra vida, menos nos merecemos el reino. (Lucas 14:25-27)



imágen del pastor samuel

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Sobre el Autor
Pastor de jóvenes junto a su esposa. Amador de Dios y la palabra no adulterada. Es veterano del Army de los EU y es activamente un policia.

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