Ofrendas, Diezmos, Primicias y Tesoros

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una maleta con dinero adentro

Ofrendas

La palabra ofrenda aparece cerca de 400 veces en la Biblia para definir distintos actos de entrega voluntaria. Existen distintos tipos de ofrenda y la Biblia menciona: Ofrenda Quemada, Ofrenda Mecida, Ofrenda Encendida, Ofrenda Elevada, Ofrenda Amasada, Ofrenda Cocida, Ofrenda Perpetua, Ofrenda Continua, Ofrenda Nueva, Ofrenda por la Expiación, Ofrenda de Voto, Ofrenda de Paz, Ofrenda Recordativa (De Castigo o Maldición, Números 5:15).

La ofrenda es un gran principio en la Biblia, ofrendar es un acto de desprendimiento, de entrega, de compasión, de reconocimiento, de gratitud, pero Jesús nos da un concepto interesante en cuanto a dar, Lucas 6:38: “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo.”

2 Corintios 9:7 dice que Dios ama al dador alegre, este amor por el dador es un amor especial porque reconoce la ofrenda como un acto de relación. Las ofrendas son un acto de obediencia que realmente hacen los que han conocido a Dios, pues la ofrenda requiere algún grado de conocimiento.

Primeras Ofrendas

Genesis 4.1-5:

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido[a] varón. 2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.”

Por alguna razón el factor tiempo tuvo que ver en estas acciones de ofrenda, la Biblia guarda verdades que no son evidentes para los que no leen a profundidad, cada quien alcanza la revelación que demanda de Dios, que anhela, de esa forma su conocimiento se perfecciona.

No le ofrendamos a Dios porque el lo necesita, le ofrendamos porque somos agradecidos de lo que Él nos da.

Salmo 50:12: “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud”

Hageo 2:8 dice: “Mio es el oro, mia es la plata, dice Jehova de los ejércitos”

Si le añadimos a este texto los recursos que le fueron prometidos a quienes entraran en la Tierra Prometida podríamos ver la extensión de las riquezas de Dios para nosotros. La leche, la miel, el oro y la plata, son elementos naturales, es la promesa de que las riquezas de Dios son ilimitadas, que van más allá de las capacidades del hombre producirlas.

Las cosas que Dios da son altas en valor no en precio. Nosotros apreciamos las cosas por cuanto cuestan, Dios aprecia las cosas por cuanto valen. La ofrenda rompe la mentalidad terrenal de precio y valor, es apenas el acto mas simple de gratitud, fe y obediencia que podemos realizar.

Es por eso que nuestras ofrendas no serán aceptas, hasta que nosotros primeramente lleguemos a ser ofrendas aceptas y nuestros altares personales estén aptos para presentarlas. Como en la antigüedad, hay una parte de nuestra ofrenda que se presenta en los Atrios, otra que atraviesa el Lugar Santo y una parte que llega hasta el Lugar Santísimo o sea, hay ofrendas que se ven y otras que no sé ven.

El Entendimiento de lo que son las Ofrendas, los Diezmos, las Primicias y los Tesoros es parte de lo que Jesús dice en Mateo 6:19-20:

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”

El amor al dinero es el problema real cuando se habla de asuntos económicos, los patriarcas fueron hombres ricos, pero sus prioridades y realidad económica estaban atadas al Reino de los Cielos y no eran señal de acumulación y acaparamiento. Un principio poderoso es atar nuestra economía a la economía el reino, esto se puede alcanzar por medio de la mayordomía cristiana.

Las cosas espirituales y divinas no se pueden comprar con dinero, pero el dinero puede provocar resultados espirituales y divinos como cuando se invierte en cosas como el evangelismo, misiones, discipulado y educación cristiana.

  1. Entender que ofrendar es entregarse primeramente a Dios:
    La primera ofrenda que Dios quiere de nosotros somos nosotros mismos. Él orden es: primero, entrégate a Dios y en seguida, da una porción de lo que recibes de Dios. Los cristianos de Macedonia hicieron justamente eso y el Apóstol Pablo los alabó por ello. Pablo escribió en 2 Corintios 8:1-5:

  2. Da como Dios te haya prosperado:
    A diferencia del Diezmo que es una cantidad que puede ser calculada, la ofrenda es relativa, representa algo distinto para cada uno. Por ejemplo, para diez personas que su ingreso es de $1,000, el diezmo representa una cantidad igual o sea $100, pero en cuanto a la ofrenda, para estas 10 personas representa algo distinto y muy personal.

En el Antiguo Testamento, Dios mandó a Su pueblo que le entregaran la décima parte de todo lo que ganaban. En el Nuevo Testamento, Dios no estableció una regla sobre cuanto debemos ofrendar. En vez de eso, la Palabra de Dios dice:

1 Corintios 16:2a: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado”

Ofrendar no es tirar el dinero a la calle, es sembrar. Cuando sembramos semillas, no las estamos tirando; sino las estamos sembrando para poder cosecharlas más tarde. La cantidad de la cosecha depende de cuanto hayamos sembrado. Esto es cierto también respecto a ofrendar.

Escribiendo a la iglesia de Corinto respecto a las ofrendas, Pablo dijo en 2 Corintios 9.6: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.”



Sobre la Autora
La Apóstol Limarie lleva 18 años sirviendo en distintos ministerios, entre ellos el pastorado, la educación Cristiana y el diseño de la mujer. Es esposa y madre de tres varones. Activamente está pastoreando, junto con su esposo el Apóstol Juan C. Vargas, la iglesia Casa de Adoración. Su libro más reciente es Yo Soy Quien Dios Dice Que Soy.

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