¿Sabía usted que cada mensaje carga el potencial de cambiar su vida, depende de cuán dispuesto está usted a recibirlo y aplicarlo?
La iglesia no es de este mundo
Estamos viviendo tiempos proféticos, una temporada divina donde Dios quiere que entendamos y que veamos las cosas espiritualmente, o sea, que seamos entendidos y sabios.
1 Crónicas 12:32 dice: “De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos”.
Hoy la iglesia vive en el mundo, como el mundo. Dios NO quiere que seamos como el mundo, él quiere que, aunque el mundo NOS considere sus enemigos, Dios NOS considere sus amigos. (Santiago 4:4; Juan 17:14-16; 1 Corintios 11:31-32)
Para usted liderar correcta y efectivamente en este tiempo, usted no puede tener lazos, asociaciones ni alianzas con el mundo.
Una de las cosas que los Entendidos conocen son los tiempos
Éxodo 12 nos habla de la Pascua, ¿Sabe cuento comenzó la Pascua o el Pesaj? Anoche, o sea, espiritualmente, anoche comenzó una nueva temporada, un nuevo tiempo, espiritualmente hablando. A través de la Pascua el pueblo de Israel fue sacado de Egipto, fue libertado, fue protegido en el desierto y fue encaminado hacia su descanso. ¿Cuántos van camino a su descanso?
Dios está señalando un tiempo nuevo para cada uno de nosotros, la pregunta es ¿seremos lo suficientemente entendidos para entrar en él?
No podremos entrar en un tiempo espiritual mientras queramos seguir viviendo en lo natural, no veremos lo nuevo hasta que no soltemos lo viejo, el pueblo de Israel no pudo sacarse a Egipto del sistema y eso les limitó su entrada en la Tierra Prometida, no permitamos que la corriente de este mundo nos descalifique para recibir la promesa.
Hebreos 4:1-2 dice: “Temamos, pues, no sea que, permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron”.
A qué me refiero con esto, sencillo, ¿que define tu realidad? ¿a que está sujeta tu realidad, tu vida, tu futuro? ¿a que está sujeta tu familia, tu llamado, tu vida espiritual? ¿a lo que diga el hombre o a lo que dijo Dios?
Si no vivimos distinto y nuestro mensaje no confronta al mundo, entonces nuestro mensaje no representa a Dios. Dios busca arrepentimiento, cambio, transformación, separación, cambio de dirección y si nuestro mensaje no provoca estas cosas, de nuevo, nuestro mensaje es natural y no espiritual y no proviene de parte de Dios.

Lo que Dios nos ha entregado
Dios ha puesto una vara en nuestras manos en este tiempo, una vara de autoridad y esa vara tiene que florecer, la vara que no florezca no tiene vida, o sea, nuestra vara de autoridad en este tiempo es nuestro carácter, nuestra capacidad de servir, nuestra capacidad de obedecer, nuestra capacidad de adorar, nuestra capacidad de ser fieles al propósito de Dios, nuestra capacidad de liderar a un pueblo camino a su libertad. (Éxodo 4:2-4)
La vara es la autoridad que Dios ha puesto en nuestras manos para pasar en seco a través de nuestros procesos.
La autoridad, cuando no se maneja correctamente, a la manera de Dios, te puede morder, te puede herir, te puede hacer daño. Por eso, el que te otorga la autoridad, te tiene que decir cómo usarla. La vara de Moisés convirtió las aguas de Egipto en sangre, la vara saco las ranas de los ríos, la vara golpeó la tierra y levantó la plaga de piojos, la vara abrió el Mar Rojo. Una vara bien usada, manifiesta la autoridad y el poder de Dios. (Éxodo 13:15-16)
Si tienes una vara que nunca has usado, que no sabes cómo o cuándo usarla, si la usas mal, si todavía no sabes que tienes en las manos, ¿cómo podrás reconocer la autoridad? Muchos de los que aún andan dando vueltas por el desierto lo hacen por no entender cómo opera la autoridad de Dios.
Explicación de Números 16:1-12
Los problemas con la autoridad nos pueden llevar a la rebelión, problemas con la autoridad de Dios, acarrea castigo pues la autoridad que Dios delega, la delega para cumplir con un propósito. Levantarse contra la autoridad es levantarse contra el propósito y levantarse contra el propósito es levantarse contra Dios mismo.
Nuestro mensaje, nuestro llamado, nuestra autoridad será cuestionada y desafiada en ciertos momentos, vivimos en un tiempo donde la autoridad de la iglesia en general está siendo cuestionada, está siendo desafiada.
Una iglesia que ha perdido la dirección y ha perdido la autoridad, no es la iglesia que Dios tiene reservada para este tiempo. Una iglesia que sigue la corriente de este mundo y no la confronta, es una iglesia sin autoridad y una iglesia sin autoridad, es una iglesia sin Cristo. (Romanos 13:2)
Permíteme aclarar algo, cuando decimos liderar nos referimos a ser luz, a mostrar el camino, a caminarlo en obediencia, a tener una relación y revelación saludable, a vivir conforme al diseño y al mandato bíblico, a predicar un Evangelio Completo y vivir un Evangelio Completo por medio de una Vida Completa.
El liderazgo en este tiempo necesita ser redefinido, los estándares del mundo se han metido en la iglesia y por eso el liderazgo en la iglesia ha dejado confrontar al mundo, porque han dejado de parecerse a Cristo.
Si tu liderazgo proyecta a Cristo, si representa a Cristo, si exalta a Cristo, si promueve la gloria de Cristo, tu liderazgo será cuestionado y confrontado. Pero ese tipo de liderazgo es realmente el único que representa la autoridad de Cristo.
Nuestro liderazgo y autoridad nos ha sido delegados para dar a conocer a Cristo como lo presenta la Escritura, como dice Isaías, “Sin atractivo para que le deseamos”.
Así como los Hijos de Isacar, así como Moisés, cuando el llamado viene del cielo, la autoridad correcta se manifiesta de la forma correcta, en el momento correcto, ¡Iglesia de Jesucristo, vivimos en el tiempo correcto, seamos la Iglesia correcta!
Aunque las autoridades terrenales como Faraón se levanten en contra del propósito y la voluntad de Dios, todo obrara para bien y seremos libres para salir de la esclavitud, camino al proceso y a la conquista de la promesa.